Esteban Bara, F (2025). La Universidad de Las Narices. Caligrama.
- editorteri
- 7 jul
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Con un estilo ampliamente original y novedoso, Francisco Esteban, profesor de Teoría e Historia de la Educación de la Universitat de Barcelona y experto en temas universitarios, nos ofrece, en esta obra intitulada La Universidad de Las Narices, un repaso histórico de la Universidad desde sus orígenes fundacionales hasta la actualidad. A lo largo de sus páginas el lector puede encontrar una amena y entretenida descripción de una comarca llamada “Las Narices” cuyos habitantes, los naricenses, eran personas tan inquietas y curiosas que aceptaron el establecimiento de una universidad para satisfacer esa ansia de conocimiento. De una forma excepcional, su autor recuerda y defiende los valores inaugurales y sustanciales de la universidad desde el momento de su instauración en plena Edad Media. Sabido es que la institución universitaria hunde sus raíces en las escuelas monacales y catedralicias. Surgió con la manifiesta voluntad de concentrar el conocimiento en una enseñanza superior que permitiera, a la comunidad de profesores y alumnos, hallar un agradable, a la par que disciplinado, espacio de encuentro para la búsqueda conjunta del saber, la verdad, el bien y la belleza universales.
Mediante un lenguaje divertido y crítico, el autor en esta obra subraya la importancia de esta institución de tercera enseñanza en la sociedad desde su momento fundacional. A este fin va tratando temas cardinales como, por ejemplo, la definición, y redefinición actual, de la misión universitaria. Consciente de que el conocimiento es siempre revisable, la universidad, como institución por excelencia del saber superior, intentó desde sus albores explorar, averiguar, investigar, analizar, preguntar y dar respuesta sobre los múltiples aspectos y dimensiones de la existencia, el contexto, la naturaleza, el universo, la persona, los seres vivos, los inertes, etc., con rigurosidad y responsabilidad. Por este motivo, se explica que los universitarios tenían la voluntad y responsabilidad de embarcarse en una aventura, tan arriesgada como emocionante, que auguraba estudio, examen y asombro. De ahí que en épocas precedentes sintieran un profundo respeto por las ideas, obras y pensamientos que habían conseguido traspasar el tiempo y el espacio, aquellas que habían abierto multitud de caminos del conocimiento y se consideraban imperecederas para un sinfín de mentes y almas.
Al margen del contenido, el libro está estructurado en diez apartados. En primer lugar, se contextualiza la obra en un lugar llamado Las Narices, habitado por personas cuya peculiaridad era tener una inquietud de narices, a saber, tenían la rara avis de meter las narices en todo. Por eso, fue el escenario escogido por los universitarios para instaurar esta institución. No obstante, los universitarios transmitieron a la vecindad que el conocimiento es mucho más que una cuestión de impulso o mero interés. Más bien tiene que ver con el amor, puede perfeccionar a la persona, completarla, así como a la humanidad, en general. Al fin y al cabo, las ideas verdaderas, bellas y buenas que pudieran hallarse en este mundo no dejaban atraparse fácil y rápidamente, sino que requerían tiempo, disciplina, discernimiento, reflexión y paciencia, mucha paciencia. Precisamente, así surgió la Universidad. Los naricenses se sintieron muy orgullosos y afortunados de ser el lugar escogido por los universitarios para instaurarla.
Más adelante, se abordan temas capitales como la formación y la estructura organizativa y arquitectónica de la universidad, la apertura de la institución, la importancia de las reglas y los hábitos, los planes de estudios conformados por las artes liberales. Cabe destacar que, de forma excepcional, Esteban presenta el Trivium y el Quadrivium como el currículo universitario más pertinente para cultivar el pensamiento libre, la rigurosidad académica, el conocimiento sistemático y estructurado y el aprendizaje óptimo para el lenguaje y la expresión propias y requeridas para devenir en una persona libre, crítica e ilustrada. Con todo, el paso del tiempo provocó que la Universidad de Las Narices fuera creciendo, de tal modo que se instauraron nuevas facultades y planes de estudios, siempre conforme al más puro estilo y talante de lo universitario.
Sin embargo, desgraciadamente, llegó una nueva era. A partir del cuarto capítulo se realiza una metáfora de la situación de la universidad en la actualidad. Esta nueva época se caracteriza por la crítica de todo lo que antes era el bien más preciado de lo universitario, la cultura humanista, el amor al saber por el saber mismo, la búsqueda del conocimiento por él mismo, entre otros aspectos. Todo lo que no parecía concordar con el progreso era criticado por la opinión pública, hasta el punto de que a los que no se dedicaban a cosas de inmediata aplicación práctica les tildaban de ociosos. De esta guisa, su autor describe como la continua injerencia de las administraciones o de la opinión pública supone la pérdida de su autonomía y, en consecuencia, el horizonte de su misión principal, la libertad y responsabilidad en la búsqueda del conocimiento, de la verdad, del bien y de la belleza. Así, en los siguientes apartados se plantea el progresivo declive del conocimiento universitario, que ha sido sustituido paulatinamente por una formación profesional altamente especializada. El autor saca a colación como han ocupado el centro del debate universitario términos como velocidad, necesidad, competencia, oportunidad, progreso, etc. Asimismo, expone cómo esta excesiva especialización y mercantilización del saber han hecho proliferar la aparición de un gran elenco de universidades, privadas, públicas, virtuales, presenciales, locales y globales, mucha de ellas concebidas sin otro fin que el lucrativo y marcadas por el profesionalismo universitario y el comercio de disciplinas académicas.
Sin lugar a duda, este libro constituye una recomendable y agradable, no por ello poco contundente, crítica a la mercantilización del conocimiento, a la “clientelización” del estudiantado y a la pérdida de autonomía de la gobernanza universitaria. Valores que, a buen seguro, costará reconquistar pero que, como Esteban acertadamente advierte, forman parte de la esencia misma de la Universidad.
Isabel Vilafranca Manguán
Universitat de Barcelona




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