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Santos Rego, M. Á. (2025). El doctorado en educación: ¿Reproducir o transformar? Peter Lang, 162 pp.

  • editorteri
  • hace 9 minutos
  • 5 min de lectura

Libro, éste, que se sitúa con claridad en favor del cuidado de nuestras prácticas educativas en la educación superior. Una obra que, como su propio título indica, se pregunta si el doctorado en educación se haya hoy en un punto de reproducción o de transformación. Pero la interrogación no queda suspendida en el aire ni se resuelve en una mera disyuntiva nominal. Por el contrario, y precisamente —por el nivel formativo que encarna, por las exigencias académicas que acarrea y por la responsabilidad intelectual que compromete—, el texto obliga a traer a tierra una cuestión tan sencilla como decisiva: más allá de saber qué funciona, la pregunta incómoda es otra: ¿estamos haciendo las cosas tan bien como sabemos y podemos hacerlas?


Hacerse la pregunta, entonces, de si nuestra formación doctoral gira sobre sí misma, como una peonza entregada a la fuerza monótona de la inercia, o si, por el contrario, esta formación es capaz de descarrilarse de lo habitual para abrir caminos, desplazar inercias y visualizar prospectivas, resulta de lo más pertinente en unos tiempos en los que el contexto universitario se ve atravesado por transformaciones tan profundas como retadoras, ya simultáneamente de carácter tecnológico, administrativo y normativo. Desde este punto, este libro aborda —aunque no sin esperanza— si el presente y el futuro del doctorado en educación está tomando distancia consciente respecto de los modelos anteriores para ofrecer una respuesta adaptada a las circunstancias del momento dada la magnitud de los desafíos contemporáneos que atraviesa un siglo XXI que está marcando por un discurso cada vez más profundo en materia de inteligencia artificial, sostenibilidad, diversidad y redefinición de relaciones entre universidad y sociedad.


El interrogante central por la perpetuación y la replicación —por aquello que el doctorado en educación reproduce— y, al mismo tiempo, por su posible renovación y reconfiguración —por aquello que puede llegar a transformar— parece nacer de una convicción compartida por sus autores: que el doctorado en educación constituye un espacio estratégico desde el que pensar no solo el futuro de la investigación educativa, sino también el modo en que esa investigación puede revertir educativamente sobre el propio sistema que la sostiene. Es decir, una investigación que no solo reproduce conocimiento en educación, sino que también educa, interroga y reorienta la cultura académica, los nichos profesionales, las lógicas normativas y el andamiaje epistemológico que atraviesa el campo pedagógico en su conjunto y que contribuye a hacerlo ser lo que es, con la identidad que le es propia.


La obra se abre con un prólogo de Mar Lorenzo Moledo, de los que se agradecen porque son sinceros y sin rodeos. Seguidamente, un primer capítulo, firmado por Kirsi Pyhältö, plantea algunas transformaciones contemporáneas de la educación doctoral a partir de factores globales como la masificación de los estudios de doctorado, la diversificación de perfiles investigadores, la pandemia o la irrupción de herramientas de inteligencia artificial generativa. El texto presta especial atención a los modelos de supervisión doctoral y a las formas de apoyo institucional y colegiado necesarias para fortalecer el desarrollo investigador.


El segundo capítulo, de Isabel Menezes y Patrícia Alves, reflexiona sobre el doctorado en educación no únicamente como una acreditación académica sino también como un proceso de construcción de ciudadanía académica. A partir de lo que ocurre en Portugal y en España, las autoras analizan la democratización del estudiantado doctoral y las tensiones que generan los modelos performativos y meritocráticos en la universidad contemporánea.

Jesús Miguel Muñoz Cantero y Ana M.ª Porto Castro abren el tercer capítulo, que se centra en la integridad académica como uno de los pilares fundamentales de los programas de doctorado. Los autores analizan los principales factores que amenazan las prácticas éticas en la investigación universitaria —como la presión por obtener resultados, la competitividad académica, la insuficiente formación metodológica o el uso inadecuado de herramientas digitales e inteligencia artificial— proponiendo distintas estrategias para lograr así fortalecer una cultura académica basada en la honestidad, la responsabilidad y el rigor investigador.


El capítulo firmado por Miguel A. Santos Rego, en cuarto lugar, sitúa el debate en torno al doctorado profesional en educación y su posible incorporación al contexto universitario español. A partir de experiencias desarrolladas principalmente en contextos anglosajones, el capítulo examina las posibilidades y resistencias que ofrece este tipo de doctorado subrayando lo que podrían ser, nuevas oportunidades para profesionales de la educación interesados en desarrollar procesos de innovación conectados con sus propios ámbitos de trabajo.


El quinto capítulo, elaborado por Albert Sangrà, Juan Llanes y Jordi Alba, aborda el doctorado industrial a partir del caso catalán como una modalidad orientada a fortalecer la transferencia de conocimiento entre universidad, instituciones y entorno socioeconómico. Si bien se parte de la idea de que las economías contemporáneas dependen de la producción y circulación del conocimiento, las personas con formación doctoral son entonces agentes estratégicos para los procesos de innovación y transformación social.


Un sexto capítulo, escrito por Manuel Souto-Otero, pone en el centro de atención la perspectiva temporal de pasado, presente y futuro del doctorado en educación a partir de la experiencia de Reino Unido, prestando especial atención al crecimiento de doctorados profesionales y particularmente, a las diferencias y tensiones existentes entre modalidades como el Doctor of Philosophy (PhD) y el Doctor of Education (EdD). El capítulo expone entre otras cosas, el debate y las tensiones que rodean a estas modalidades, especialmente en relación con su legitimidad académica y orientación hacia la práctica profesional.


Ya a modo de cierre, Eva María Olmedo Moreno, trata en el séptimo capítulo la cuestión de la excelencia y la garantía de calidad en los programas de doctorado en educación superior a partir de los criterios establecidos por los European Standards and Guidelines for Quality Assurance in the European Higher Education Area (ESG) y por las agencias de calidad europeas. Incide, además, en cómo la normativa europea y española ha ido configurando marcos de evaluación y supervisión destinados a fortalecer los estándares de calidad doctoral. Todo ello aparece estrechamente ligado a una finalidad:  la de formar investigadores capaces de responder a desafíos multidimensionales a través del desarrollo de competencias transversales y habilidades investigadoras avanzadas, necesarias para afrontar las transformaciones futuras de la educación superior.


Aunque en obras de este tipo, dada la amplitud que ocupa el tema, resulta bastante habitual quedarse en la película superficial del asunto, este pequeño libro se atreve a tocar algunos de sus nudos clave mediante un índice de contenidos nada complaciente. Al terminar la lectura queda, de hecho, una impresión clara: la de que todavía hay aspectos importantes que pensar y hacer en torno a nuestro doctorado en educación. Y esa impresión, no solo la comparten quienes diseñan, imparten o gestionan esta formación, sino también quienes la recibimos como doctorandos.  

 

 

 

Judit Alonso del Casar

Universidad de Salamanca



 

 
 
 

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